Rilke



Esto es la nostalgia: 
vivir en el oleaje
y no tener patria en el tiempo.
Y estos los deseos: 

diálogos en voz baja
de las horas de un día
con la eternidad.

Y esto es la vida:

hasta la hora más solitaria 
entre todas las horas
se eleva de una víspera,
una hora que sonríe
distinta a sus hermanas
y se enfrenta en silencio
ante lo eterno. 

Venezuela Heróica


¿Hasta dónde se rebaja una sociedad que sistemáticamente exalta boxeadores, misses, cantantes, faranduleros? La agresión física, la apariencia externa y las artes de la seducción son sus evidentes valores. Otros intranquilizantes rasgos comparten los profesionales que en la actualidad acarrean el procerato para los venezolanos. Ya indicamos que ejemplifican un proyecto de ascensión privada en el cual la colectividad sólo figura como testigo. En segundo lugar, sus destinos orbitan alrededor del espectáculo. Descuellan dentro de las reglas de juegos donde la regimentación del oficiante se corresponde con la pasividad del observante. Así como el potro galopa sin llegar a ninguna parte en el hipódromo, los ídolos de nuestra contemporaneidad cumplen circuitos previsibles en la pasarela, en el salón de conciertos, en el ring o el campo deportivo. No son transgresores sino consolidadores de un orden. El público que los celebra proclama al adherírseles su capacidad o su resignación para mantenerse dentro de él. En tercer lugar, la certificación de este mérito, como la de nuestros deméritos, ha de ser otorgada en el exterior. Lo que embellece a la joven es la corona; lo que potencia al púgil es la faja, lo que consagra al trovador es el galardón en el festival internacional. Así como cultivamos una agricultura de puertos, cosechamos una cultura y una idolatría de puertos. Hemos colocado fuera de nuestro control, no sólo nuestro sistema financiero, sino además nuestro aparato consagrador de mitos. Nadie es héroe en su tierra.


Luis Britto

Anda




Anda
quítate el vestido, las flores y las trampas
ponte la desnuda violencia que recatas
y ven a mis brazos
dejemos los datos
seamos un cuerpo enamorado

Anda
deja que descubra los montes de tu mapa
la concupiscencia secreta de tu alma
y ven a mis brazos
dejemos los datos
seamos un cuerpo enamorado

Anda
pídeme que viole las leyes que te encarnan
que no quede intacto ni un poro en la batalla
y ven a mis brazos
dejemos los datos
seamos un cuerpo enamorado

Anda
dime lo que sientes
no temas si me mata
que yo solo entiendo tus labios como espadas
y ven a mis brazos
dejemos los datos
seamos un cuerpo enamorado

Luis Eduardo Aute
La peste del amor ataca al Supermachista hasta degradarlo a la ranchera, la metafísica, la lectura de Stendhal y otros síntomas repugnantes. Doradamente vestido de charro, desafía a su adorada a la ruleta rusa amorosa, cargado el revólver de seis balas, una por cada vez que murió mirándola de lejos. Contra la diana de sus propios ojos dispara la adorada el revólver y mata al Supermachista, que se había quedado a vivir en ellos. Al cementerio lo llevan: ella, tan muertita como una estrella caída; él, condenado a vivir para recordarla, llevándola en las exhalaciones, hasta que los cielos se van quedando tan vacíos.

Luis Britto



Biografía



Biografía: cadena de acontecimientos que consideramos importantes para nuestra vida. Pero ¿qué es importante y qué no lo es? En vista de que no lo sabemos (y de que ni siquiera se nos ocurre plantearnos una pregunta tan estúpidamente sencilla) aceptamos como importante lo que consideran importante los demás, por ejemplo el empresario que nos obliga a rellenar unos formularios: fecha de nacimiento, profesión de los padres, estudios, cambios de empleo y lugar de residencia, bodas, divorcios, nacimiento de los hijos, enfermedades graves, éxitos, fracasos. Es terrible pero es así: hemos aprendido a ver nuestra propia vida según la visión que de ella nos dan los formularios burocráticos o policiales. Es ya una pequeña rebelión incluir en nuestra biografía a una mujer que no sea nuestra propia esposa y semejante excepción sólo puede permitirse a condición de que haya desempeñado en nuestra vida un papel especialmente dramático, cosa que Rubens en absoluto podía afirmar de la mujer que toca el laúd. Además, por su aspecto y su comportamiento, la mujer que toca el laúd respondía a la imagen de la mujer-episodio: era elegante pero no llamaba la atención, bella sin deslumbrar, dispuesta a hacer el amor y sin embargo tímida; nunca importunaba a Rubens con confesiones sobre su vida privada, pero tampoco dramatizaba su discreto silencio ni lo convertía en un secreto intranquilizador. Era una verdadera princesa del episodio.

Milan Kundera

La inmortalidad



El horóscopo se parece a un reloj y el reloj es una escuela de finitud: en cuanto una manecilla describe un círculo y regresa al punto del que partió, se cierra una fase. En el cuadrante del horóscopo giran nueve manecillas a diversas velocidades y a cada momento una fase se cierra y otra comienza. Cuando la persona es joven, no es capaz de percibir el tiempo como círculo, sino como camino que conduce directamente hacia delante, hacia paisajes permanentemente cambiantes; todavía no intuye que su vida sólo contiene un tema; lo comprende en el momento en que su vida empieza a componer sus primeras variaciones.

Rubens tenía unos catorce años cuando lo detuvo por la calle una niña que tendría la mitad de su edad y le preguntó: «Por favor, señor, ¿puede decirme la hora?». Era la primera vez que una desconocida le trataba de usted y le decía señor. Le embargó la felicidad y le pareció que ante él se abría una nueva etapa de su vida. Luego se olvidó de aquel episodio y no volvió a recordarlo hasta que una guapa señora le dijera: «Cuando usted era joven, ¿también pensaba que…?». Era la primera vez que alguien se refería a su juventud como algo pasado. En aquel momento se le presentó la imagen de la niña olvidada que una vez le había preguntado la hora y comprendió que aquellas dos figuras femeninas estaban relacionadas. Eran dos figuras carentes en sí mismas de significado, encontradas por casualidad, y sin embargo cuando las relacionaba aparecían como dos acontecimientos significativos en el cuadrante de su vida.

Lo diré de otro modo: imaginemos que el cuadrante de la vida de Rubens está situado en un enorme reloj medieval, por ejemplo en aquél a cuyo lado pasé durante veinte años por la plaza de la Ciudad Vieja, en Praga. El reloj da la hora y encima del cuadrante se abre una ventanita: sale por ella una marioneta, una niña de siete años que pregunta la hora. Y más tarde, cuando la misma lentísima manecilla llega al cabo de muchos años a un nuevo número, las campanas comienzan a sonar, vuelve a abrirse la ventanita y sale la marioneta de una mujer joven que pregunta: «Y cuando usted era joven…».

Milan Kundera

Homenaje a una torre de fuego


Nadie les ha enseñado a hacer lo que están haciendo; nadie le enseña al árbol la forma de dar sus hojas y sus frutos. No se han dejado utilizar, como tantas veces en otros tiempos, a manera de cabezas de puente o pavos de la boda; hoy están solos frente a una realidad resquebrajada, son una inmensa muchedumbre que no acepta ya reajustarse para ingresar ventajosamente en ese mundo que se da a llamar moderno, que no acepta que ese mundo los recupere con la hipócrita reconciliación paternal frente a los hijos pródigos. Algo como una fuente de pura vida, algo como un inmenso amor enfurecido se ha alzado por encima de los inconformismos a medias, a la torre de mando de las tecnocracias, en la fría soberbia de los planes históricos, de las dialécticas esclerosadas. No es el momento de explicar o de calificar esta rebelión contra todos los esquemas prefijados; su sola existencia, aquí y en tantos otros países del mundo, la forma incontenible en que se manifiestan, bastan y sobren como prueba de su validez y su verdad. Nada piden los estudiantes que no sea de alguna manera una nueva definición del hombre y la sociedad; y lo piden en la única forma en que es posible pedirlo en este momento, sin reivindicaciones parciales, sin nuevos esquemas que pretendan sustituír a los vigentes. Lo piden con una entrega total de su persona, con el gesto elemental e incuestionable de salir a la calle y gritar contra la maquinaria aplastante de un orden desvitalizado y anacrónico. Los estudiantes están haciendo el amor con el único mundo que aman y que los ama; su rebelión es el brazo primordial, el encuentro en lo más alto de las pulsiones vitales. En el pabellón de la Argentina, ¿Como no iba a manifestarse ese salto hacia una realidad auténtica cuando bajo su techo se venía reiterando la injusticia, la discriminación, la estafa moral que no era más que el reflejo de lo que sucede allá en la patria, allá en los países de América Latina? Tomar esa residencia ha significado para los estudiantes entrar escoba en mano en una casa sucia para limpiarle el polvo de mucha ingominia, de mucha hipocresía. Pero en el fondo esto es sólo un episodio dentro de un contexto infinitamente más rico, que no se engañen los que quieran ver en ese gesto una mera oposición política en el plano nacional. Detrás de la ocupación de lo que es propio hay una conciencia que va mucho más allá de perímetro de una residencia universitaria; simbólicamente, poéticamente, estos muchachos han tomado a la Argentina entera para devolverla a su verdad tanto tiempo falseada; y decir eso es decir también América Latina, es sentir a través de este impulso y esta definición toda la angustia de un continente traicionado desde dentro y desde fuera. Cómo no comprender, entonces, el sentido más profundo que tiene hoy aquí, entre nosotros, la evocación del ejemplo vivo del Che, como no comprender que lo sintamos tan cerca de los jóvenes que se baten en la calles y dialogan en los anfiteatros. Pero esto no es un homenaje labial; no hemos de recaer una vez más en los esquemas del respeto solemne, de las conmemoraciones a base de palmas y oratoria. Para el Che sólo podía y sólo puede haber un homenaje; el de alzarse como lo hizo él contra la alienación del hombre, contra su colonización física y moral. Todos los estudiantes del mundo que luchan en este mismo momentoson de alguna manera el Che. No siempre hacen falta cirujanos para transplantar un corazón en otro cuerpo; el suyo está latiendo en cada estudiante que libra este combate por una vida más digna y hermosa.


Julio  Cortázar



Donde se cuenta hasta que apareciste



Por delicadeza,
permití que los pájaros helados
calentaran sus picos en mi lumbre,
horadaran los leños de la noche
e hirieran con sus cantos mi silencio.
Ellos mancharon con sus plumas
mis sábanas
y picoteando sobre la pureza
me volvieron ceniza,
por delicadeza.
Por delicadeza,
consentí ser la amante de los héroes.
Alimenté mentiras y carencias
en hoteles de paso;
amordacé mi corazón de niña
y fui mujer fatal
para que nunca parecieran culpables.
Ellos se fueron
con mis mejores máscaras
y sus esposas, muertas de tristeza,
me dieron mala fama,
por delicadeza.
Por delicadeza,
pude resucitar en mis papeles
aquellos pájaros helados.
A mis tristes y efímeros amantes
con sus tibias y frívolas esposas
los transformé en metáforas.
Esparcí mis cenizas.
Hice versos
sólo para conjurar mi mala fama.
Y hoy que no creo en la delicadeza
te me apareces tú
que eres más que la delicadeza.
Estoy enferma de delicadeza
y no perderé mi vida por delicadeza
conmigo misma.
Por delicadeza.



Marilyn Boves

Páramo


Pasó la niebla por las cuestas, 
tapó con su noche,
ningún pájaro se ve por los montes,
ninguna luz.
-Cantá por qué estás tan sola
por qué llorás,
por qué te metites donde estamos los tristes.

Cuerdita de la montaña, pájaro de los siete colores,
a quién le cantás,
a quién le decís de querer.

Allá está la que tiene un gran vestido,
se la pasa llorando,
se la pasa bebiendo de la montaña.

Echaron agua bendita
y se murieron las torcaces y dejaron
esterado de plumas todo.
Ay,
cuando estás cantando
todo se mueve, todo se vuelve
hacia donde cantas.
Te llamaré paloma, te llamaré miel,
te diré piedrita de río.
Cuerdita de la montaña, pájaro de los siete colores:
¿A quién le decís de querer?

Ramón Palomares

Medio pan y un libro



Locución al Pueblo de Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931.

Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre', piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor', y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!' Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura'. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

Pic-nic al más allá


Esa noche me invitaron a un pic-nic a la orilla del mar.
Recostado en un tronco con el cerebro lleno de humo, la lógica se hizo ceniza en la hoguera sagrada.
De repente sentí que la piel me abandonaba con una dulzura zozobrante y se incendiaba en una estrella, allá lejos.
Estaba fascinado con el prodigio.
Por mis venas no corría sangre, sino un éter seráfico que me aliviaba de la pesadumbre del cuerpo.
Cerrados los circuitos del pensamiento, volaba al infinito dentro de mí mismo, hacia Dios.
En algún momento me asaltó cierto terror relacionado con mi vida. Sentí que e m i g r a b a...
Un turbio sentimiento de culpa embargo mi alma por atreverme en los Enigmas.
Presentí, aterrorizado, que iba a suceder lo mismo con mi piel: una fuerza brusca, sobrenatural, me arrancaría de mí mismo para arrojarme al vacío.
Con un miedo impotente me aferré al tronco para evitar la caída, pero la madera empezó a crujir desintegrada, en un divorcio con mi cuerpo, como si la materia me hubiera desterrado de su realidad.
En el absoluto desamparo evoqué lo que más amaba, lo más bello que me retuviera de este lado del mundo: esa mujer, la turbadora promesa de su ternura sexual.
Fue inútil.
Nada podía alcanzarme en el vértigo de aquel abismo en que giraba lejos de la posibilidad humana.
Náufrago del cielo, perdido en el torbellino de las constelaciones, brizna de nada en la eternidad, era arrastrado por aquella marea de terror a un reino de luz espectral, en las ilimitadas orillas del no-ser...
Si mal no recuerdo, esa amarillez mística imitaba un cielo religioso en que la luz era beatitud.
Sin duda había muerto en la tierra. Esta evidencia se impuso con tal claridad que no tenía objeto rebelarme. Consentí mi muerte y ni siquiera podía recordarme como cuerpo.
Heme aquí despojado de materia, vago sin memoria en cielos vacíos.
¡Mi Dios, qué desiertos! Soledades puras... esa luz sin límites... sin distancias... en que me siento perdido.
No veo a Dios ni tengo esperanzas de encontrarlo.
Me pongo a buscar desesperadamente aquella mujer que amé en la tierra, de quien una vez más me vendría la salvación.
Esta ilusión gravita en mí como un destino.
Recorro todos los estadios de la eternidad: nada, ninguna presencia, ningún signo. Lo humano está ausente del mundo.
Oh dioses, ¿dónde ocultáis a los mortales?
La idea de que tendré que vivir toda la eternidad en esta ausencia, abruma mi alma con el peso de un exilio.
Siento la tierna y terrible nostalgia de la tierra, la sed de su jugos, el júbilo del ron alrededor de la hoguera, una cascada en el monte chorreando sobre una mujer desnuda, mi mujer en un campo de girasoles, una hamaca bajo las estrellas de Tolú, olor de campos arados, ríos de miel, de rocío, ¡oh, sí, la tierra, reino transparente de luz, de plenitud!
Cuando volví del más allá los alcatraces jugaban en las olas del inmenso loto, burbujas de sol en el aire.
La tierra era un sueño que despertaba de la pesadilla de Dios, y era verde.
La bendije.

G. Arango

Me caigo y me levanto


Nadie puede dudar de que las cosas recaen,
un señor se enferma y de golpe un miércoles recae
un lápiz en la mesa recae seguido
las mujeres, cómo recaen
teóricamente a nada o a nadie se le ocurriría recaer
pero lo mismo está sujeto
sobre todo porque recae sin conciencia
recae como si nunca antes
un jazmín para dar un ejemplo perfumado
a esa blancura
¿de dónde le viene su penosa amistad con el amarillo?
el mero permanecer ya es recaída
es jazmín entonces
y no hablemos de las palabras
esas recayentes deplorables
y de los buñuelos fríos que son la recaída clavada
contra lo que pasa, se impone pacientemente la rehabilitación
en lo más recaído hay algo que siempre pugna por rehabilitarse
en el hongo pisoteado, en el reloj sin cuerda
en los poemas de Pérez, en Pérez
todo recayente tiene ya en sí un rehabilitante
pero el problema, para nosotros lo que pensamos nuestra vida
es confuso y casi infinito
un caracol segrega y una nube aspira
seguramente recaerán
pero una compensación ajena a ellos los rehabilita
los hace treparse poco a poco a lo mejor de si mismos
antes de la recaída inevitable
pero nosotros tía ¿cómo haremos?
¿cómo nos daremos cuenta de que hemos recaído
si por la mañana estamos tan bien
tan café con leche
y no podemos medir hasta donde hemos recaído en el sueño
o en la ducha
y si sospechamos lo recadente de nuestro estado
¿cómo nos rehabilitaremos?
hay quienes recaen al llegar a la cima de una montaña
al terminar su obra maestra
al afeitarse sin un solo tajito
no toda recaída va de arriba abajo
porque arriba y abajo no quieren decir gran cosa
cuando ya no se sabe donde se está
probablemente Icaro creía tocar el cielo
cuando se hundió en el mar …. y
dios te libre de una zambullida tan mal preparada
tía ¿cómo nos rehabilitaremos?
hay quien ha sostenido que la rehabilitación
sólo es posible alterándose
pero olvidó que toda recaída es una desalteración
una vuelta al barro de la culpa
perfecto!
somos lo más que somos porque nos alteramos
salimos del barro en busca de la felicidad
y la conciencia y los pies limpios
un recayente es entonces un desalterante
de donde se sigue que
nadie se rehabilita sin alterarse
pretender la rehabilitación alterandose es una triste redundancia
nuestra condición es la recaída y la desalteración
y a mi me parece que un recayente debería rehabilitarse de otra manera
que por lo demás ignoro
No solamente ignoro eso
sino que jamás he sabido en qué momento
mi tía o yo recaemos
¿cómo rehabilitarnos entonces si a lo mejor no hemos recaído todavía?
y la rehabilitación nos encuentra ya rehabilitados
Tía, no será esa la respuesta ahora que lo pienso...
Hagamos una cosa:
Usted se rehabilita y yo la observo
varios días seguidos
digamos, una rehabilitación continua
usted está todo el tiempo rehabilitándose y yo la observo
o al revés si prefiere
pero a mí me gustaría que empezara usted
porque soy modesto y buen observador
de esa manera si yo recaigo en los intervalos de mi rehabilitación
mientras usted no le da tiempo a la recaída
y se rehabilita como en un cine continuado
al cabo poco nuestra diferencia será enorme
Usted estará tan por encima que dará gusto
entonces yo sabré que el sistema ha funcionado
y empezaré a rehabilitarme furiosamente
pondré el despertador a las tres de la mañana
suspenderé mi vida conyugal
y las demás recaídas que conozco
para que, sólo queden las que no conozco
y a lo mejor poco a poco un día estaremos otra vez juntos tía
y será tan hermoso decir...
ahora nos vamos al centro y nos compramos un helado
el mío todo de frutilla
y el de usted con chocolate y un bizcochito
.



Julio Cortázar

Un caballo

Soy un caballo
Indómito impenitente
Un caballo cierto inverosímil
Haciendo mía una carrera delirante
Insolentando cábalas
Estrechando mis crines con tormentas
Rompiéndome los cascos entre piedras
Perdido el norte
Por una memoria roja y asombrada
Surcando praderas con huellas de patas empolvadas 
y mi estiércol
signado por la hierba
con ríos de sudor sin cauces
Regando espigas muertas

Soy un caballo
Con sensación de brasas en el cuerpo
Que degüella al viento con el cuello
Vibrando a cada paso
Con un furor extraño
Con ese olor a lejanías
Con aquel lujo inútil de tener la sangre hirviendo

Y vivo un vértigo perpetuo
Derrocho violentamente adrenalina
Amo el sol
Y soy amante ciego de aguaceros
Del relámpago y la brisa
Me muevo ardiendo bajo este vientre azul
tan cóncavo y perfecto

Soy un caballo
Una rara suerte de huracán      cayendo por el suelo
y levántandome
Bordeando abismos
Ventilando ironías
Un caballo que ama con estrépito
Sin adormecer instintos
Un caballo que espera finalmente
Una metamorfosis dura hacia la nada
Y un galope sereno hacia el silencio

Voy hiriendo mis ancas
Sin sangre ni anestesias
Lamiendo mis heridas
Con escrupulosa exactitud
Sufriendo una agonía casi humana
Mientras que en instintivo gesto
Mastico yerbas secas
Mecidas de este a oeste
Y voy errante y voy errando
Altivo en mi locura
Sudando gastándome
Pasando apresurado por orillas siempre eternas
Sumiéndome gigante en el misterio

Sin frenos ni riendas ni destino
Mi andar se torna recio
Las espinas del camino son espuelas
Sin par me vuelvo eléctrico
E indecisas mis orejas no escuchan mas al trueno
mis ojos condolidos agravan su mirada
Sin medir riesgos en los desfiladeros

Y se hace piel el pelo
Cuando comprendo que
Soy apenas un cuadrúpedo en silencio
Alucinando una confusa majestad
de mi sombra sin un reino

Y están presentes 
curvadas flautas de bambú
en circulo perfecto

Mi rumbo está perdido
Mi norte yace muerto
Atravieso a ciegas una alfombra trajinada
por los otros Y mis marcas que son nada
se quedan prisioneras de un desierto
Vadeo un río y
Y nada mas parece que yo estuviera huyendo
De mi sombra de mis vicios
Y de pronto un relincho quebrando este silencio
Bajo el manto que hice mío y que me abriga
A mi tan grande tan blanco tan mojado
Y a la mañana no soy mas que evocación de
un frívolo placer
Un zoológico secreto de alquimistas 
El sustento de alguna tarde de buitres
con anemia
O el objeto del deseo de potrancas
confundidas en corrales con su celo

Soy un caballo triste 
Mezclado con sigilo 
con extrañas variedades de huesos
de animales muertos de hace tiempo
Mimetizando un cuerpo largo y tenso
Con infinitas carreteras
con los frutales colores de un semáforo
O con la estúpida altivez de rascacielos

Hay ironía en mi pellejo
Hay dolor en mis temblores
Hay orgullo y junto a mi hay ángeles y espectros

Soy un caballo solo
Tal vez triunfante tal vez vencido
Con los músculos de piedra esqueleto de hierro
y el corazón de carne
Sin un corral
Sin amos
Corriendo desbocado una sorda carrera
Porque una noche hace ya un tiempo
Bebí de un manantial sagrado
Y comprendí que esa carrera loca
Era una forma venerable de morir.



Marita TroianoDe: Mortal in Puribus , 1996

Ahora que ya no soy más joven

Ahora que ya remonto la mitad del camino de mi vida,
yo que siempre me apené de las gentes mayores,
yo, que soy eterna pues he muerto cien veces, de tedio, de agonía,
y que alargo mis brazos al sol en las mañanas y me arrullo
en las noches y me canto canciones para espantar el miedo,
¿qué haré con esta sombra que comienza a vestirme
y a despojarme sin remordimientos?
¿Qué haré con el confuso y turbio río que no encuentra su mar,
con tanto día y tanto aniversario, con tanta juventud a las espaldas,
si aún no he nacido, si aún hoy me cabe
un mundo entero en el costado izquierdo?
¿Qué hacer ahora que ya no soy más joven
si todavía no te he conocido?



Piedad Bonnett

No es brava, pero muerde callada







Internado Judicial “San Francisco de Yare”
Estado Miranda, 2008.



Esta es la historia de una cachorra llamada Sacha, yo soy su dueño, Luis. Ella nació en el penal de Yare II en el año 2004, al dueño le decían "Pasito", era un lucero, cuando "Pasito" fue llevado al penal de Rodeo II me encargué de ella, eran varios cachorros, los hermanos de Sacha, Nacho, Malandro, Anastacia, la Catira, Angélica, y Linda, la mamá de Sacha.

Cuando los amigos inconversos estaban bajo las drogas empezaban a disparar contra los cachorros, y un día Sacha fue herida y tuvo que salir del área donde estaban los demás cachorros, le partieron las dos patas de atrás, ella se fue por un tiempo para el área de los trabajadores donde fue curada, luego empezó a subir para la iglesia, hasta que "el principal", me dijo: Luis, cuida a Sacha, si sale te la mato, ¿okey?. Yo le pregunté: "¿si la tengo en la Iglesia no me la matas? y respondió "No!" Bueno, pasaron los días, Sacha se fue recuperando, y meses después ella se quedó conmigo, el pastor de la iglesia me dijo que no podía tener a Sacha en mi cuarto, yo no le hice caso, en el mes de agosto fui bautizado en agua, ese día Sacha dio a luz a 7 cachorros, 3 machos y 4 hembras.

Luego toda la población fuimos trasladados a Yare I por razones de remodelación del penal, ella se quedó en Yare II. Una semana después nos volvimos a ver por la tela del penal, gracias a un compañero que le decíamos Wayú que la vio y me avisó, la rescatamos y ahora está conmigo, tengo tres años y ocho meses aquí y Sacha todavía está conmigo, gracias a Dios.

Lleva cuatro partos de lo que va de cautiverio, y es buena "garitera", no es brava pero muerde callada, en este año del 2008 el 24 de julio para ser más específicos, salió encinta, pero tengo ganas de mandarla a la calle con la señora Juana Pacheco, mamá de los Machado, es una señora muy buena, son tantas cosas que no sé como voy a olvidarla. En el tiempo que llevamos presos ella es mi mascota, mi pana, mi costilla, mi paño de lágrimas, mi fiel amiga, mi compañera, mi causa. Si tenemos comida comemos, si no tenemos son cosas de la prisión.

Luis Moreno