Ciclistas


Era necesario que ese día, en medio de la tempestad sin lluvia y de la oscuridad hostil, Simona y yo abandonáramos el castillo y huyéramos como animales, sin ropa, y con la imaginación perseguida por el inmenso abatimiento que se apoderaría sin duda de nuevo de Marcela, haciendo de la desgraciada prisionera una especie de encarnación de la cólera y de los terrores que libraban incesantemente nuestros cuerpos al libertinaje. Pronto encontramos nuestra bicicleta y pudimos ofrecernos uno a otro el irritante espectáculo, teóricamente sucio, de un cuerpo desnudo y calzado montado sobre una máquina; pedaleábamos con rapidez sin reír y sin hablar, satisfechos recíprocamente de nuestras mutuas presencias, semejantes una a la otra, en el aislamiento común del impudor, del cansancio y del absurdo.


Estábamos agotados literalmente de fatiga; a mitad de una cuesta, Simona me detuvo diciéndome que tenía escalofríos: nuestras caras, espaldas y piernas chorreaban de sudor y en vano movíamos las manos, tocándonos con furor las distintas partes del cuerpo, mojadas y ardientes; a pesar del masaje cada vez más vigoroso que le daba, Simona tiritaba dando diente contra diente. Le quité una media para secar su cuerpo: tenía un olor cálido que recordaba a la vez los lechos de los enfermos y los lechos de la orgía. Poco a poco volvió a sus sentidos y finalmente me ofreció sus labios en señal de agradecimiento. 

Me puse muy inquieto, estábamos todavía a diez kilómetros de X, y debido al estado en que nos encontrábamos era evidente que teníamos que llegar antes del alba. Apenas podía tenerme en pie y pensaba en la dificultad de terminar el paseo a través de lo imposible. El tiempo transcurrido desde que habíamos abandonado el mundo real, compuesto únicamente de personas vestidas, estaba tan lejos que parecía fuera de nuestro alcance; nuestra alucinación particular crecía cada vez más, apenas limitada por la global pesadilla de la sociedad humana, con la tierra, la atmósfera y el cielo.

Georges Bataille.
Historia del Ojo

La malvada intención

ustedes, por estar leyendo la crónica social...

las recetas de cocina y el manual para portarse bien en sociedad...
por estar alelados mirando la televisión o las estrellas...
y baboseándose con las poesías a miss universo...
ustedes, los poetas que fabrican sobre el diccionario de rimas un poema quincenal...
ustedes, los intelectuales conformistas para quienes es muy cómodo el nihilismo...
ustedes, los burócratas liberales y conservadores que ya perdieron el sentido de lo maravilloso...
ustedes, los inspectores de la moral, que confunden el “hula-hula” con el marqués de sade...
ustedes, los sexólogos de ideas fijas que representan el “hula-hula” con un falo abstracto y circular...
(nosotros protestamos contra ustedes que se oponen a la satisfacción de los instintos naturales y al derecho a legitimar esos instintos por las vías legales de la imaginación)...
ustedes, los reales académicos y tratadistas de la forma, que no saben lo que se anida en las cloacas, y que no han mirado desde las alcantarillas el nacimiento del sol...
ustedes, los estudiantes de urbanidad y de retórica que ya saben rimarle un verso a la prostituta y limpiarse la jeta con elegancia...
ustedes, las señoras aristocráticas que bailan a Elvis Presley en el club y levantan las piernas para escandalizar a los notarios y a los senadores de la 2a. república...
ustedes, magistrados y jueces que codifican la vida y asesinan con fórmulas los instintos vitales...
ustedes, los notarios que escrituran a los ricos la tierra de los pobres con manos de usureros y canas en el cerebro...
ustedes, los ciudadanos ejemplares que se emborrachan en los prostíbulos y hacen penitencia religiosa...
ustedes, los que se flagelan a la luz del sol ante los altares de piedra, y de noche cumplen funciones de pederastas...
ustedes, los de la “liga de la decencia” y “la pureza del espíritu” que se escandalizan con los senos de una escultura y no sienten horror al defecar en la bóveda celeste del sanitario...
ustedes, los predicadores, que apestan con su oratoria y con sus sotanas de terciopelo sudado...
ustedes, los políticos que no creen en la revolución y se hacen remunerar su falta de fe...
ustedes, los policías, que no saben como preñan los poetas a las rosas...
ustedes, los críticos de arte y literatura que han leído la citolegia y a kant, y que confunden a gonzaloarango con un paciente de la sicología, a garcilazo con don blas de lezo, la “unión libre” de breton con la “unión nacional” de ospina pérez, un ataque al corazón con la crisis de la poesía...
ustedes, en general, no saben nada de nada...
y tienen una idea falsa de lo que es el nadaísmo cuando piensan que somos la amenaza material del orden burgués...
nosotros no vamos a robarle la chequera al capitalista, ni vamos a asaltar a media noche su despensa; que los burgueses revienten tranquilos en medio de la abundancia...
tampoco vamos a raptar en noches de luna a las colegialas del “mary mount”. el nadaísmo no es una historia prostibularia, que ellas revienten con sus prejuicios, su puritanismo angélico, y que lleven su sexo casto al matrimonio, o lo conserven como una momia para que lo consagren a san luis gonzaga...
tampoco queremos alterar sus conceptos del mundo en el que viven de tránsito a la eternidad, afianzados aquí en la estabilidad económica, la virtud y el respeto social...
nosotros no tenemos nada que ver con quienes no tienen problemas, ni dudas, ellos están salvados...
pero queremos confesarle una malvada intención a la burguesía. señores burgueses: el nadaísmo se fundó para pervertir a vuestros hijos. vamos a interrumpir vuestro sueño y a despertar en vuestras alcobas inquietantes y terribles gérmenes de zozobra. vuestros hijos regresarán una noche a pediros cuentas, ebrios y poseídos de una terrible cólera.
temedlos, yo los conozco, son peligrosos...
a mi madre de 70 años ya le advertí: nena, si no me dejas libre le diré a la policía que eres comunista... y ella dijo: “tú sabes que eso es falso, no lo hagas, porque me echarían de la iglesia...”.
Gonzalo Arango

Cansancio

Cansado.
¡Sí!
Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuántos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.

Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabré si es el mismo
que usé mientras vivía.

Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola auténtica,
alegre,
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.

Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.



Oliverio Girondo

Terrícolas



Ya que todos habitamos la tierra, todos somos considerados terrícolas. No hay cabida para racismo, sexismo, ni especismos en el término terrícola. Engloba a cada uno de nosotros, seamos de sangre fría o caliente, mamífero, vertebrado o invertebrado, pájaro, reptil, anfibio, pez o humano, a todos por igual. Los humanos, por lo tanto, al no ser la única especie del planeta, comparten este mundo con millones de otros seres vivientes. 

Sin embargo, es el terrícola humano el que suele dominar la tierra, a menudo tratando a otros terrícolas y seres vivientes como simples objetos. Este es el significado de especismo. Por analogía con el racismo y el sexismo, el término especismo es una actitud a favor de los intereses de la propia especie, y en contra de los intereses de las otras especies. Si un ser sufre, no puede haber justificación moral para negarse a tener en cuenta ese sufrimiento, sea cual sea la naturaleza del ser, el principio de igualdad exige que su sufrimiento sea considerado igual al sufrimiento equivalente de cualquier otro ser. 

Los racistas violan este principio de igualdad al darle mayor importancia a sus intereses cuando ocurren conflictos entre los miembros de su raza y los de otra. Los sexistas violan el principio de igualdad en al favorecer los intereses de su propio género. De la misma manera, los especistas permiten que sus intereses se antepongan a intereses superiores de otras especies. En cada caso, el patrón es idéntico. Aunque entre los miembros de la familia humana reconocemos el imperativo moral del respeto, donde cada humano es alguien y no algo, un trato moralmente irrespetuoso ocurre cuando aquellos que están del lado del poderoso, tratan a los menos poderosos como simples objetos. Lo hace el violador a su víctima de violación, lo hace el abusador de niños a sus víctimas, el amo al esclavo. En todos estos casos, los humanos que tienen poder explotan a aquellos que no lo tienen. ¿Será esto igualmente verdadero de cómo los humanos tratan a otros animales, a otros terrícolas? 

Sin duda existen diferencias, ya que los animales y los humanos no son iguales en todos los aspectos. Pero el tema de la igualdad tiene otra cara. Ciertamente los animales no tienen todos lo deseos que tenemos los humanos, tampoco entienden todo lo que nosotros entendemos, sin embargo, compartimos algunos de los mismos deseos, y comprendemos algunas de las mismas cosas. 

Los deseos de alimento y agua, cobijo y compañía, libertad de movimiento y evitación del dolor, estos deseos son compartidos tanto por animales no humanos, como humanos. Con respecto al entendimiento, al igual de los humanos, muchos animales entienden el mundo en el que viven y se desplazan, sino, no podrían sobrevivir. Por lo tanto, detrás de muchas diferencias, encontramos también similitudes. 

Como nosotros, son manifestación del misterio de la maravilla de la conciencia, como nosotros, no solo habitan este mundo, sino que son concientes de ello. Como nosotros, son el centro psicológico de una vida que es únicamente suya. En estos aspectos fundamentales, lo humanos se encuentran al mismo nivel que los cerdos, vacas, gallinas o pavos. ¿Qué les debemos a estos animales? ¿Qué trato moral les debemos dar?, la respuesta comienza con el reconocimiento de nuestro parentesco psicológico con ellos. Esta película demuestra cinco formas en que los animales han llegado a servir a la humanidad.

El premio Nobel Isaac Bashevis Singer escribió lo siguiente en su best seller, ‘Enemigos, una historia de amor’: “cuando Herman era testigo de la matanza de animales y peces, siempre tenia la misma idea: en su comportamiento para con los animales, todos los hombres son nazis. La vanidad con la que el hombre hace su voluntad con los animales es vivo ejemplo de las teorías racistas mas radicales, el principio de que tener el poder es tener la razón”. Esta comparación al holocausto es intencional y obvia, un grupo de seres vivientes agoniza en las manos de otros. Aunque algunos argumentarán que no es posible comparar el sufrimiento de los animales con el de los judíos y esclavos, hay realmente un paralelismo, y para las víctimas de esta matanza colectiva, el holocausto está lejos de finalizar. 

En su libro, ‘The Outermost House’, el autor Henry Beston escribió: “necesitamos una comprensión más inteligente y quizás más mística de los animales. Alejados de la naturaleza universal, y viviendo en un complejo artificio, el hombre en sociedad analiza a estas criaturas a través del cristal de su conocimiento, y es así como puede ver magnificada y distorsionada toda la imagen. Los tratamos con condescendencia por ser incompletos, por el trágico destino de haber adoptado una apariencia tan distinta a la nuestra. Y es aquí donde erramos, erramos horriblemente. El hombre no debería compararse con los animales. En un mundo más viejo y más completo, se mueven, acabados y perfectos. Tienen el don de los sentidos que hemos perdido, que jamás conseguimos, viven a merced de voces que nosotros jamás hemos oído. No son hermanos, no son subordinados. Son otras naciones, atrapadas con nosotros en la red de la vida y el tiempo, compañeros prisioneros del esplendor y sufrimiento de la tierra”.