nos quedaremos solos y será ya de noche.

nos quedaremos solos mi almohada y mi silencio

y estará la ventana mirando inutilmente

los barcos y los puentes que enhebran sus agujas.




yo diré: ya es muy tarde.

no me contestarán ni mis guantes ni el peine,

solamente tu olor, tu perfume olvidado

como una carta puesta boca abajo en la mesa.



c’est la java de celui que s’en va

c’est sa java, c’est ma triste java.




morderé una manzana fumaré un cigarrillo

viendo bajar los cuernos de la noche-medusa

su vasto caracol forrado en terciopelo

donde duermen tus senos quemados por la luna.



y diré: ya es de noche

y estaremos de acuerdo oh muebles oh ceniza

con el organillero que remonta en la esquina

sus títeres de luna para los niños pobres.



c’est la java de celui qui s’en va

c’est sa java, c’est ma triste java.




es justo, corazón, la canta el que se queda,

la canta el que se queda para cuidar la casa.



Mía Gallegos

Coreografía

                                                             Para mí amigo Carlos Cortés
En fin
que no he vivido nada.
No sé qué cosa es una guerra
y tengo como prisión al cuerpo
y alma como campo de batalla.

Me debato entre la duda
de reflexionar o fluir;
esto es situarse en el palco de los espectadores,
o estar
en cada íntimo instante del milagro.

Vivo de pedacitos,
pero aspiro a la totalidad,
es decir a Mozart y al poema que me redima
y me revele los espacios absolutos
y la nada.

Percibo de mí
los sitios más secretos:
la culpa,
una tercera conciencia de las cosas,
la dualidad del pensamiento,
la ira pequeña
por lo que ya ocurrió.
Pero he vivido poco. Treinta años.
Dos amores de piel
y un querer abandonar
esta espera que me señala la vida.

Anhelo la anarquía,
el más tierno desorden del amor,
la cábala
los relojes de arena y una habitación sencilla.

Quiero tener un destino trazado de antemano,
encontrarme con Dios
y los abismos
y no tener conciencia de la llama.
Ser la llama misma y la aventura.

Pero vengo de soledades últimas,
de conversaciones que nunca concluyeron,
de espejos que me miraron desde la infancia hasta ahora,
de abandonados armarios de caoba que fueron
de tías o de abuelas remotísimas.

Cuán poco he vivido.
No conozco la guerra. Y tampoco la paz.
Me duele la orfandad,
el desarraigo,
el sentirme extranjera en cualquier sitio,
el no pertenecer
a una familia o a una patria.
No puedo narrar una batalla;
ni hablar del hambre y de la peste,
ni escribir la canción de algún soldado herido,
ni hablar de mujer violada,
ni decir cómo es un cementerio después de una llovizna.

Pero anhelo decir en el poema
que la vida me conmueve,
que respiro mejor cuando me entrego,
que necesito amar de la manera más simple y primitiva.
Me gusta la paz y la defiendo
y la guerra cuando es justa,
y el sabor de las mandarinas cuando llega el verano,
que me gusta ser una y arraigarme en el cosmos,
y sentir que mi vida palpita al mismo tiempo que la vida,
aunque no haya vivido,
aunque mi hambre sea de infinito,
aunque no sepa expresar
que por alguna razón precisa estoy aquí,
a punto de vencer,
a punto de morir,
de vivir.

Herejes, renegados y conversos

1

Por lo que se tiene como una patología de la contradicción, cualquiera pensaría que vivimos la hora de los herejes, pero no. Los herejes de otrora se han convertido, mayoritariamente, en los renegados y conversos de hoy. A veces la rueda de la historia torna a descalabrarse sobre sí misma, y lo que era ayer es hoy, y lo que es hoy parece pasado marchito y lastimoso.
La herejía, lejos de cuanto un tiempo intolerante estableciera, ha sido casi siempre humana virtud. Sin herejes la palabra progreso carecería de entidad y toda autoridad establecida petrificaría, con sus dogmas y su perpetuación, la propia vida.
Las mazmorras, los cementerios, las fosas comunes y el viento que arrastró las cenizas de los incinerados son mudos testigos del destino que intransigencia y fanatismo propinaron a quienes osaron disentir de las supuestas verdades esgrimidas por viejos y nuevos inquisidores.
El hereje es una presencia activa, fiel a su incredulidad (y a sus saberes). Discrepa y argumenta siguiendo el hilo de una razón alimentada en la más viva de las reflexiones o en lo más ardoroso de los sueños. En el griego clásico el término hairesis, de donde proviene la palabra, enunciaba una doctrina, o la escuela que la enseñaba. La teología trocó la aceptación inicial y la convirtió en «opinión contraria a la verdad revelada por Dios y propuesta como tal por la Iglesia». De allí que herejía sea también sinónimo de blasfemia, desvergüenza (¿?), error, impiedad, apostasía, disparate.
Con el tiempo la palabra herejía perdió su tenebroso alcance y casi se asimiló a insumisión o disentimiento.
Pero los herejes de hoy, escépticos y desideologizados, parecen más bien legión de rebeldes sin causa, intelectuales amotinados contra todo exceso de énfasis doctrinario o de revelación litúrgica de cualquier especie.

2

Los renegados, en cambio, padecen de desilusiones. Lo que alguna vez creyeron alfa fue para ellos, después, omega. Una o muchas razones y decepciones culminaron por tapiarles fe, creencia o convicción. Abandonando empeños, esperanzas y principios, desencantados de ideales o decepcionados de sus compañeros de ruta, se hicieron apóstatas de sí mismos, de lo que alguna vez fueron o quisieron ser. En ello les va, no la certeza del que tiene derecho a cambiar de camisa, sino la voluntad de demostrar que no había más remedio.
Como los describiera Isaac Deustscher en un célebre escrito, «todos han abandonado un ejército y un campamento: algunos como objetores de conciencia, algunos como desertores, y otros como merodeadores. Unos cuantos se aferran serenamente a sus objeciones de conciencia, mientras que otros reclaman vociferantemente comisiones en un ejército al que se han opuesto de un modo encarnizado. Todos ellos llevan sobre sí pedazos y andrajos del antiguo uniforme, complementados con los más fantásticos y sorprendentes trapos nuevos. Y todos llevan dentro de sí comunes resentimientos y sus reminiscencias individuales».
«Cuando uno —rememora Arthur Koestler— ha renunciado a un credo o ha sido traicionado por un amigo, lo que funciona es el mecanismo opuesto. A la luz del conocimiento posterior, la experiencia original pierde su inocencia, se macula y se vuelve agria en el recuerdo».
Pero no siempre los renegados, al cambiar de camisa, proclaman su orgullo. Hubo y hay quienes entre ellos —los objetores de conciencia y los merodeadores, para emplear la diferenciación de Deutscher— asumen cierto escepticismo melancólico, cercano al sarcasmo, como nueva y poco beligerante bandera. Prefieren la humildad del recato, la rendición de cuentas a solas con una desilusión que es también no pocas veces la desilusión ante todo el género humano.
En todo caso pasan por menos ostentosos que los conversos, cuyas camisas terminaron, todas, por atormentarlos.

3

Estos trocaron sueños, convicciones o fe. Se canjearon, se volvieron otros, se mutaron. Por intereses, por cobardía, por desengaño, por conveniencia, por negocio, por lo que fuera, simplemente ser invirtieron, se tornaron en sus contrarios. Lo que antaño condenaban hoy lo aplauden, cuanto aborrecían lo persiguen, cuanto amaban lo abominan.
La palabra conversión se aplicaba a los musulmanes y judíos que en la España de la Contrarreforma se acogían al cristianismo. Cierta acepción militar le atribuye al término semejante adjudicación: «mutación del frente al girar sobre uno de sus extremos». Cambiar de frente. Por ejemplo cuando, como lo recuerda Deutscher, «después de romper con una burocracia de partido en nombre del comunismo, el hereje rompe con el comunismo. Pretende haber descubierto que la raíz del mal alcanza una profundidad mucho mayor de lo que él imaginó al principio, aun cuando es posible que su ahondamiento en busca de aquella raíz haya sido muy perezosa y superficial. El ex comunista no defiende ya el socialismo de los abusos poco escrupulosos; lo que ahora hace es defender a la humanidad de la falacia del socialismo. Ya no trata de vaciar el agua sucia de la revolución rusa para proteger al niño del baño: descubre que el niño es un monstruo al que hay que estrangular. El hereje se convierte así en renegado».
Y el renegado en converso. «Su anterior ilusión suponía al menos un ideal positivo. Su desilusión actual es enteramente negativa. En consecuencia, su papel es intelectual y políticamente infecundo». Aún peor es su característica incapacidad para la imparcialidad. «A menudo —acota Deutscher— une sus fuerzas a los defensores del capitalismo y aporta a esa tarea la falta de escrúpulos, la estrechez mental, el desprecio a la verdad y el odio intenso que le fue imbuido por el stalinismo. Continúa siendo un sectario. Sigue viendo el mundo en blanco y negro, sólo que ahora los colores se distribuyen de modo distinto [...]. En otro tiempo aceptó la infalibilidad del partido; ahora se cree infalible a sí mismo».
De conversos se han nutrido la fe y las ideologías tanto como la picaresca. Porque en el fondo la conversión es un teatro invertido.
Un teatro de máscaras al que se acude para convenir con los dioses un pacto dialéctico ya enunciado hace dos milenios y medio por Lao Tse: Cuando los hombres conocen que la bondad es buena Entonces saben que la maldad existe Cuando los hombres conocen que la belleza es bella Entonces saben que la fealdad existe. Así Ser y no-ser se engendran el uno al otro.

Gustavo Pereira

La realeza




Otro de los grandes trabajos e incluso tareas, diría yo, que lleva a cabo la realeza son las obras de beneficencia, son tareas muy duras para un aristócrata que, a veces, no está en contacto con las miserias humanas.
Aquí hay una anécdota poco conocida que es totalmente verídica: en una inauguración que hizo de un hospital Lady Di. Es una anécdota excepcional porque resume lo que es la monarquía y la realeza y toda la sangre azul. Era cuando todavía estaba promocionándose Lady Di; ahora, como ve la cosa bastante negra, se ha retirado. 
Se fue al Canadá, a ultramar (ellos si tienen Ultramar; dicen “me voy a Australia”). Dice: “Me voy a Ottawa, a inaugurar un hospital cardiológico”. Los del hospital se preocupan mucho: iba a llegar Lady Di y las salas estaban vacías, habían pocos enfermos.
Eso dice mucho a favor de la salud de los ciudadanos de Ottawa, que tienen un corazón fantástico, pero muy poco a favor de los promotores del hospital, porque hay que demostrar que un hospital es necesario y, para demostrarlo, hace falta que esté lleno y resulten necesarias las camas. Entonces encontraron una solución fantástica: contrataron figurantes, los vistieron con pijamas y les dijeron que pusieran cara de haber sufrido un infarto.
La princesa pasó cama por cama, dando la mano, sonriente, y diciendo: ¿cómo va todo? Los figurantes ponían cara lánguida, eran enfermos falsos. Y todo para que la princesa no se frustrara inaugurando un hospital sin enfermos.
¿Creen que ella no se daba cuenta? Sí, porque se puede ser aristócrata sin ser necesariamente tonta.
Ella veía que aquella gente fingía una enfermedad por la cual ella estaba fingiendo un interés.
En resumen, no sólo se ven obligados a hacer cosas desagradables, como visitar hospitales, sino que, encima, les ponen enfermos falsos. Así que deben disimular, hacer como que el enfermo que saludan no es realmente un actor contratado, sino un enfermo.
Son dos personas que están frente a frente, cada una interpretando un papel.
Uno haciendo el papel de enfermo ante una princesa protocolariamente interesada por su salud; la otra, la princesa, protocolariamente interesada por la salud de un falso enfermo. Eso es exactamente la realeza y nada más.

Ciclistas


Era necesario que ese día, en medio de la tempestad sin lluvia y de la oscuridad hostil, Simona y yo abandonáramos el castillo y huyéramos como animales, sin ropa, y con la imaginación perseguida por el inmenso abatimiento que se apoderaría sin duda de nuevo de Marcela, haciendo de la desgraciada prisionera una especie de encarnación de la cólera y de los terrores que libraban incesantemente nuestros cuerpos al libertinaje. Pronto encontramos nuestra bicicleta y pudimos ofrecernos uno a otro el irritante espectáculo, teóricamente sucio, de un cuerpo desnudo y calzado montado sobre una máquina; pedaleábamos con rapidez sin reír y sin hablar, satisfechos recíprocamente de nuestras mutuas presencias, semejantes una a la otra, en el aislamiento común del impudor, del cansancio y del absurdo.


Estábamos agotados literalmente de fatiga; a mitad de una cuesta, Simona me detuvo diciéndome que tenía escalofríos: nuestras caras, espaldas y piernas chorreaban de sudor y en vano movíamos las manos, tocándonos con furor las distintas partes del cuerpo, mojadas y ardientes; a pesar del masaje cada vez más vigoroso que le daba, Simona tiritaba dando diente contra diente. Le quité una media para secar su cuerpo: tenía un olor cálido que recordaba a la vez los lechos de los enfermos y los lechos de la orgía. Poco a poco volvió a sus sentidos y finalmente me ofreció sus labios en señal de agradecimiento. 

Me puse muy inquieto, estábamos todavía a diez kilómetros de X, y debido al estado en que nos encontrábamos era evidente que teníamos que llegar antes del alba. Apenas podía tenerme en pie y pensaba en la dificultad de terminar el paseo a través de lo imposible. El tiempo transcurrido desde que habíamos abandonado el mundo real, compuesto únicamente de personas vestidas, estaba tan lejos que parecía fuera de nuestro alcance; nuestra alucinación particular crecía cada vez más, apenas limitada por la global pesadilla de la sociedad humana, con la tierra, la atmósfera y el cielo.

Georges Bataille.
Historia del Ojo

La malvada intención

ustedes, por estar leyendo la crónica social...

las recetas de cocina y el manual para portarse bien en sociedad...
por estar alelados mirando la televisión o las estrellas...
y baboseándose con las poesías a miss universo...
ustedes, los poetas que fabrican sobre el diccionario de rimas un poema quincenal...
ustedes, los intelectuales conformistas para quienes es muy cómodo el nihilismo...
ustedes, los burócratas liberales y conservadores que ya perdieron el sentido de lo maravilloso...
ustedes, los inspectores de la moral, que confunden el “hula-hula” con el marqués de sade...
ustedes, los sexólogos de ideas fijas que representan el “hula-hula” con un falo abstracto y circular...
(nosotros protestamos contra ustedes que se oponen a la satisfacción de los instintos naturales y al derecho a legitimar esos instintos por las vías legales de la imaginación)...
ustedes, los reales académicos y tratadistas de la forma, que no saben lo que se anida en las cloacas, y que no han mirado desde las alcantarillas el nacimiento del sol...
ustedes, los estudiantes de urbanidad y de retórica que ya saben rimarle un verso a la prostituta y limpiarse la jeta con elegancia...
ustedes, las señoras aristocráticas que bailan a Elvis Presley en el club y levantan las piernas para escandalizar a los notarios y a los senadores de la 2a. república...
ustedes, magistrados y jueces que codifican la vida y asesinan con fórmulas los instintos vitales...
ustedes, los notarios que escrituran a los ricos la tierra de los pobres con manos de usureros y canas en el cerebro...
ustedes, los ciudadanos ejemplares que se emborrachan en los prostíbulos y hacen penitencia religiosa...
ustedes, los que se flagelan a la luz del sol ante los altares de piedra, y de noche cumplen funciones de pederastas...
ustedes, los de la “liga de la decencia” y “la pureza del espíritu” que se escandalizan con los senos de una escultura y no sienten horror al defecar en la bóveda celeste del sanitario...
ustedes, los predicadores, que apestan con su oratoria y con sus sotanas de terciopelo sudado...
ustedes, los políticos que no creen en la revolución y se hacen remunerar su falta de fe...
ustedes, los policías, que no saben como preñan los poetas a las rosas...
ustedes, los críticos de arte y literatura que han leído la citolegia y a kant, y que confunden a gonzaloarango con un paciente de la sicología, a garcilazo con don blas de lezo, la “unión libre” de breton con la “unión nacional” de ospina pérez, un ataque al corazón con la crisis de la poesía...
ustedes, en general, no saben nada de nada...
y tienen una idea falsa de lo que es el nadaísmo cuando piensan que somos la amenaza material del orden burgués...
nosotros no vamos a robarle la chequera al capitalista, ni vamos a asaltar a media noche su despensa; que los burgueses revienten tranquilos en medio de la abundancia...
tampoco vamos a raptar en noches de luna a las colegialas del “mary mount”. el nadaísmo no es una historia prostibularia, que ellas revienten con sus prejuicios, su puritanismo angélico, y que lleven su sexo casto al matrimonio, o lo conserven como una momia para que lo consagren a san luis gonzaga...
tampoco queremos alterar sus conceptos del mundo en el que viven de tránsito a la eternidad, afianzados aquí en la estabilidad económica, la virtud y el respeto social...
nosotros no tenemos nada que ver con quienes no tienen problemas, ni dudas, ellos están salvados...
pero queremos confesarle una malvada intención a la burguesía. señores burgueses: el nadaísmo se fundó para pervertir a vuestros hijos. vamos a interrumpir vuestro sueño y a despertar en vuestras alcobas inquietantes y terribles gérmenes de zozobra. vuestros hijos regresarán una noche a pediros cuentas, ebrios y poseídos de una terrible cólera.
temedlos, yo los conozco, son peligrosos...
a mi madre de 70 años ya le advertí: nena, si no me dejas libre le diré a la policía que eres comunista... y ella dijo: “tú sabes que eso es falso, no lo hagas, porque me echarían de la iglesia...”.
Gonzalo Arango

Cansancio

Cansado.
¡Sí!
Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuántos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.

Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabré si es el mismo
que usé mientras vivía.

Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola auténtica,
alegre,
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.

Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.



Oliverio Girondo

Terrícolas



Ya que todos habitamos la tierra, todos somos considerados terrícolas. No hay cabida para racismo, sexismo, ni especismos en el término terrícola. Engloba a cada uno de nosotros, seamos de sangre fría o caliente, mamífero, vertebrado o invertebrado, pájaro, reptil, anfibio, pez o humano, a todos por igual. Los humanos, por lo tanto, al no ser la única especie del planeta, comparten este mundo con millones de otros seres vivientes. 

Sin embargo, es el terrícola humano el que suele dominar la tierra, a menudo tratando a otros terrícolas y seres vivientes como simples objetos. Este es el significado de especismo. Por analogía con el racismo y el sexismo, el término especismo es una actitud a favor de los intereses de la propia especie, y en contra de los intereses de las otras especies. Si un ser sufre, no puede haber justificación moral para negarse a tener en cuenta ese sufrimiento, sea cual sea la naturaleza del ser, el principio de igualdad exige que su sufrimiento sea considerado igual al sufrimiento equivalente de cualquier otro ser. 

Los racistas violan este principio de igualdad al darle mayor importancia a sus intereses cuando ocurren conflictos entre los miembros de su raza y los de otra. Los sexistas violan el principio de igualdad en al favorecer los intereses de su propio género. De la misma manera, los especistas permiten que sus intereses se antepongan a intereses superiores de otras especies. En cada caso, el patrón es idéntico. Aunque entre los miembros de la familia humana reconocemos el imperativo moral del respeto, donde cada humano es alguien y no algo, un trato moralmente irrespetuoso ocurre cuando aquellos que están del lado del poderoso, tratan a los menos poderosos como simples objetos. Lo hace el violador a su víctima de violación, lo hace el abusador de niños a sus víctimas, el amo al esclavo. En todos estos casos, los humanos que tienen poder explotan a aquellos que no lo tienen. ¿Será esto igualmente verdadero de cómo los humanos tratan a otros animales, a otros terrícolas? 

Sin duda existen diferencias, ya que los animales y los humanos no son iguales en todos los aspectos. Pero el tema de la igualdad tiene otra cara. Ciertamente los animales no tienen todos lo deseos que tenemos los humanos, tampoco entienden todo lo que nosotros entendemos, sin embargo, compartimos algunos de los mismos deseos, y comprendemos algunas de las mismas cosas. 

Los deseos de alimento y agua, cobijo y compañía, libertad de movimiento y evitación del dolor, estos deseos son compartidos tanto por animales no humanos, como humanos. Con respecto al entendimiento, al igual de los humanos, muchos animales entienden el mundo en el que viven y se desplazan, sino, no podrían sobrevivir. Por lo tanto, detrás de muchas diferencias, encontramos también similitudes. 

Como nosotros, son manifestación del misterio de la maravilla de la conciencia, como nosotros, no solo habitan este mundo, sino que son concientes de ello. Como nosotros, son el centro psicológico de una vida que es únicamente suya. En estos aspectos fundamentales, lo humanos se encuentran al mismo nivel que los cerdos, vacas, gallinas o pavos. ¿Qué les debemos a estos animales? ¿Qué trato moral les debemos dar?, la respuesta comienza con el reconocimiento de nuestro parentesco psicológico con ellos. Esta película demuestra cinco formas en que los animales han llegado a servir a la humanidad.

El premio Nobel Isaac Bashevis Singer escribió lo siguiente en su best seller, ‘Enemigos, una historia de amor’: “cuando Herman era testigo de la matanza de animales y peces, siempre tenia la misma idea: en su comportamiento para con los animales, todos los hombres son nazis. La vanidad con la que el hombre hace su voluntad con los animales es vivo ejemplo de las teorías racistas mas radicales, el principio de que tener el poder es tener la razón”. Esta comparación al holocausto es intencional y obvia, un grupo de seres vivientes agoniza en las manos de otros. Aunque algunos argumentarán que no es posible comparar el sufrimiento de los animales con el de los judíos y esclavos, hay realmente un paralelismo, y para las víctimas de esta matanza colectiva, el holocausto está lejos de finalizar. 

En su libro, ‘The Outermost House’, el autor Henry Beston escribió: “necesitamos una comprensión más inteligente y quizás más mística de los animales. Alejados de la naturaleza universal, y viviendo en un complejo artificio, el hombre en sociedad analiza a estas criaturas a través del cristal de su conocimiento, y es así como puede ver magnificada y distorsionada toda la imagen. Los tratamos con condescendencia por ser incompletos, por el trágico destino de haber adoptado una apariencia tan distinta a la nuestra. Y es aquí donde erramos, erramos horriblemente. El hombre no debería compararse con los animales. En un mundo más viejo y más completo, se mueven, acabados y perfectos. Tienen el don de los sentidos que hemos perdido, que jamás conseguimos, viven a merced de voces que nosotros jamás hemos oído. No son hermanos, no son subordinados. Son otras naciones, atrapadas con nosotros en la red de la vida y el tiempo, compañeros prisioneros del esplendor y sufrimiento de la tierra”.

Relación para un amor llamado amanecer



En la galaxia espiral de Andrómeda existe
un florido planeta donde los ríos no ahogan el mar
Donde fuego y hielo queman las contradicciones
Donde no hay necesidad de regreso
Donde 0 x 0 es más que el infinito
Donde los puntos cardinales son más de 100 millones
Norte y Lia Sur y Símbolo Espliego y Araceli
Miguel y Adriana Orfeo y Atabal Cedro y Valquiria
Misterio y Prodigio Neón y Asfalto Rosa Ercilia y Dionisius
Antonio y Elena mis pobres padres mis pobres Virreyes de Indias
Mi viaje a Europa Este y Adelfa Oeste y Clavicordio
Donde todos viven en éxtasis
Donde nada ni nadie es vil
Donde el sol es anillo y ritual de bodas
Donde somos ráfagas de luz y nos desplazamos en silbos
Un planeta limpio y pulido
Donde los enamorados viven en palacios flotantes
Donde Dios tiene un puesto de revista mal atendido y mata el tiempo hablando del pasado
con Buda y Mahoma y el Vendedor de verduras de la esquina
y la gente ya los conoce y la gente cuando pasa dice
"esos cuatro vagos son panita burda"
Donde el hijo de Dios y los ángeles del desenfado
beben el aire de las avenidas sobre sus motos trepidantes
Donde no hay academias militares ni policías ni cárceles ni monedas
Donde somos sabios
Donde somos buenos
Donde los últimos insidiosos
escaparon por un túnel y cayeron al vacío
Astro paradisíaco amado y defendido
por francotiradores y poetas
Donde la muerte está de capa caída
Donde los hombres son gentiles
Donde las mujeres son ramos de jacintos
de labios y de ojos cambiantes de colores
Un astro moderato cantabile
Donde la noche es vino y alegría hasta el amanecer
Su capital es una ciudad resplandeciente llamada Estefanía
Donde tú tienes señorío
Donde eres reina
Ese planeta es mi corazón errante.


El Chino V. M.

Hay que inventar respiraciones nuevas


Hay que inventar respiraciones nuevas...

Hay que inventar respiraciones nuevas.
Respiraciones que no sólo consuman el aire,
sino que además lo enriquezcan
y hasta lo liberen
de ciertas combinaciones taciturnas.

Respiraciones que inhalen además
las ondas y los ritmos,
la fragancia secreta del tiempo
y su disolución entre la bruma.

Respiraciones que acompañen
a aquel que las respire.

Respiraciones hacia adentro del sueño,
del amor y la muerte.

Y para eso hay que inventar un nuevo aire,
unos pulmones más fervientes
y un pensamiento que pueda respirarse.

Y si aún faltara algo,
habría que inventar también
otra forma más concreta del hombre.  



Roberto Juarroz

Contacto cristalino

Mi pequeño gimnasio



Consta de una almohadilla que golpeo con acompañamiento musical.

Un saco de arena donde descargo todo el peso de la calle.

Una esterilla para hacer contorsiones que producen olvido.

Un hueco en triángulo donde me oculto para no ver.

Una cuerda donde me castigo por toda la prudencia del día.

Un artefacto en forma de O en el que me doblo para evitar los reclamos de mi consciencia.

Una barra horizontal sobre la cual me río de mis intenciones.

Una tabla donde doy golpes innecesarios que podrían estar mejor dirigidos.

Un pequeño extensor de cretino que me estira por todos los frutos que no tomé, los actos que no hice, las palabras que no me atreví a decir.

Una soga donde extorsiono mi brazo derecho por todas mis indecisiones, olvidos, cambios.

El resto lo compone el ajuar ordinario de todo deportista. Los ejercicios son efectuados en la oscuridad. Por vergüenza no admito espectadores. (El descontento sordo, por otra parte ahogaría al que osara entrar).

Soy de todas maneras un aprendiz. No he podido alcanzar mis rodillas con la frente, todavía me es imposible arquearme hacia atrás hasta tocar el suelo, tampoco logro pararme sobre las manos.

Algunas veces el exceso de pesadez me vuelve ridículo. (Me recuerdo en lamentables posiciones y siento dolor). A pesar de mis esfuerzos sigo siendo carnívoro, rudo, indisciplinado.



En el fondo los ejercicios están enderezados a hacer de mí un hombre racional, que viva con precisión y burle los laberintos. En clave, persiguen mi transformación en Hombre Número Tal. Llanamente y en mi intimidad, espero con ellos dejar de ser absurdo.


Rafael Cadenas 
Varya Akatyeva

Voy a verme


Cuando compre un espejo para el baño
voy a verme la cara
voy a verme
pues qué otra manera hay decíme
qué otra manera de saber quién soy.
Cada vez que desprenda la cabeza
del fárrago de libros y de hojas
y que la lleve hueca atiborrada
y la deje en reposo allí un momento
la miraré a los ojos con un poco
de ansiedad de curiosidad de miedo
o sólo con cansancio con hastío
con la vieja amistad correspondiente
o atenta y seriamente mirarme
como esa extraña vez -mis once años-
y me diré mirá ahí estás
seguro
pensaré no me gusta o pensaré
que esa cara fue la única posible
y me diré esa soy yo esa es idea
y le sonreiré dándome ánimos.

Idea Vilariño
Pablo Picasso

Génesis




En el principio el capitalismo creó a su dios. Un ídolo al que temer y le llamó, en ejercicio egocéntrico, El Capital. Un dios masculino que está en todas las cosas y en todos los lugares, por encima de todas las cosas y de todos los lugares. Se propagó a lomos del colonialismo económico y del latifundismo del pensamiento único. Y atardeció y amaneció: día primero.




Dijo El Capital: "La tierra es caos, confusión y oscuridad. Hágase una Doctrina". Y fundó la Economía que ordenó el mundo. Y todo estaba bien. "Hágase una legión de economistas predicadores de la buena nueva, una Iglesia responsable del culto a la Doctrina". Y así fue. Brotaron las Instituciones del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y de la Organización Mundial de Comercio que aplican su Ley. Y El Capital dijo que serían infalibles, pero no muy seguro de sí mismo –un diosito flojeras– parió a los Ejércitos Profesionales. Y atardeció y amaneció: día segundo.



Y dijo El Capital: "Hagamos a nuestros hijos a nuestra imagen, como semejanza nuestra". Y creó, pues, El Capital a las Multinacionales a imagen suya para enriquecerse en su nombre. Y atardeció y amaneció: día tercero.



Dijo El Capital a sus hijas las Multinacionales: "Sed fecundas, eficientes, rentables y multiplicaos, henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves del cielo y en todo animal que repta o camina sobre la tierra". Y así fue. Los ríos, los manglares, los mares, la tierra, los animales, los seres humanos, el paisaje, el aire, todo es sujeto de transacción, todo está en el catálogo de demoliciones. Y atardeció y amaneció: día cuarto.



Dijo El Capital: "Haya categorías de personas". Y El Capital dispuso de la explotación existente sobre algunos seres humanos: de la mayoría. Se descendió a categoría de sobrantes a las mujeres, a las indígenas y los indígenas, a los negros y negras, las niñas y los niños… Y El Capital dijo "Los sobrantes no tienen derechos, ni tan siquiera piensan, o si piensan, se equivocan. Su función es trabajar para producir más bienes (mercancías, quería decir en realidad) y más servicios que se puedan comprar y vender, que generen riqueza: la savia que alimenta al capitalismo". Y así fue. Son las siervas domésticas, las manos del algodón, las uñas del caucho, las espaldas llagadas de acarrear oro, diamantes y coltán. La jornada de 16 horas, los contratos temporales y una larga serie de mecanismos eufemísticos de la esclavitud. Y atardeció y amaneció: día quinto.



El Capital disimuló y dijo: "Que llueva la democracia". Y medio desatinó. Llovió sobre algunos países y sobre otros no. Pero en ninguno se ejerce. Se muestra en el escaparate y anda nuevecita casi sin estrenar. Se usa, en ocasiones y más bien que mal, en la política, pero El Capital no mandó las instrucciones para usarla en la economía, en la cultura, en la relación entre hombres y mujeres, en la alimentación… Y atardeció y amaneció: día sexto.



Vio El Capital cuanto había hecho, y todo estaba muy bien. Y desde entonces, desde el séptimo día, el día ocho, el día nueve, y así hasta el fin de los tiempos, El Capital y sus secuaces descansan.



Gustavo Duch Guillot



Van a por nosotros




Límpiate los dientes, lávate los pies, cósete el jersey, píntate las uñas, cámbiame las pilas, cómete los mocos, bébete la espuma, cásate con ella, cásate con ella, cásate con ella, toma precauciones, piensa en tu futuro. Van a por nosotros.

Las hordas internacionales de madres y delegados y funcionarios y chinchillas y hurones moralistas que desean llevarte cogidito de la mano a la jubilación. Bébete el jarabe, cómprate un buen coche, deja de fumar, no juegues a eso, cambia de trabajo, mejora tu imagen, vete a por las gambas, cósete la manga, cósete la manga, cósete la manga, rézale a la imagen. Van a por nosotros.

Con sus pies de rey y sus escuadras y sus cartabones y sus reglas y sus compases y sus trajes de domingo. Péinate los pelos, limpia tus zapatos, huele a gasolina, dí que sí a tu jefe, mira las noticias, no duermas la siesta, deja esa sonrisa, siéntete culpable, acábate la sopa, acábate la sopa, acábate la sopa. Hazte responsable. Van a por nosotros.

Se acabó la juventud. Basta de holgazanear. Hay que concienciarse. Viva el complejo de Edipo. Yo tengo la culpa. Paga tus facturas, traje con chaleco, duerme con pijama, santifica el lunes, funda una familia, por qué no adelgazas. Vaya facha traes, lávate las manos, píntate los labios, por qué dices eso, por qué dices eso, por qué dices eso, todo está ya escrito. Van a por nosotros.

Y Edison y Washington y Einstein y Freud y Hitler y Kennedy y Luis Grant y Newton y Copérnico y Von Braun y Don Santiago Ramón y Cajal. VAN A POR NOSOTROS.

Por nuestros pecados, por nuestros pecados, por nuestros pecados, por nuestros pecados. Van a por nosotros.

Cada año más cerca, cada día más claro, cada sorbo más dulce, cada recuerdo más lejos.

VAN A POR NOSOTROS VAN A POR NOSOTROS VAN A POR NOSOTROS

VAN A POR NOSOTROS

A POR NOSOTROS TODOS 


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