La realeza




Otro de los grandes trabajos e incluso tareas, diría yo, que lleva a cabo la realeza son las obras de beneficencia, son tareas muy duras para un aristócrata que, a veces, no está en contacto con las miserias humanas.
Aquí hay una anécdota poco conocida que es totalmente verídica: en una inauguración que hizo de un hospital Lady Di. Es una anécdota excepcional porque resume lo que es la monarquía y la realeza y toda la sangre azul. Era cuando todavía estaba promocionándose Lady Di; ahora, como ve la cosa bastante negra, se ha retirado. 
Se fue al Canadá, a ultramar (ellos si tienen Ultramar; dicen “me voy a Australia”). Dice: “Me voy a Ottawa, a inaugurar un hospital cardiológico”. Los del hospital se preocupan mucho: iba a llegar Lady Di y las salas estaban vacías, habían pocos enfermos.
Eso dice mucho a favor de la salud de los ciudadanos de Ottawa, que tienen un corazón fantástico, pero muy poco a favor de los promotores del hospital, porque hay que demostrar que un hospital es necesario y, para demostrarlo, hace falta que esté lleno y resulten necesarias las camas. Entonces encontraron una solución fantástica: contrataron figurantes, los vistieron con pijamas y les dijeron que pusieran cara de haber sufrido un infarto.
La princesa pasó cama por cama, dando la mano, sonriente, y diciendo: ¿cómo va todo? Los figurantes ponían cara lánguida, eran enfermos falsos. Y todo para que la princesa no se frustrara inaugurando un hospital sin enfermos.
¿Creen que ella no se daba cuenta? Sí, porque se puede ser aristócrata sin ser necesariamente tonta.
Ella veía que aquella gente fingía una enfermedad por la cual ella estaba fingiendo un interés.
En resumen, no sólo se ven obligados a hacer cosas desagradables, como visitar hospitales, sino que, encima, les ponen enfermos falsos. Así que deben disimular, hacer como que el enfermo que saludan no es realmente un actor contratado, sino un enfermo.
Son dos personas que están frente a frente, cada una interpretando un papel.
Uno haciendo el papel de enfermo ante una princesa protocolariamente interesada por su salud; la otra, la princesa, protocolariamente interesada por la salud de un falso enfermo. Eso es exactamente la realeza y nada más.

1 comentario:

SAL dijo...

Al final son dos personas que están cara a cara interpretando un papel, por supuesto que la realeza, en este caso asumida por la difunta - pero no por ello inocente- Lady Di deja, como siempre, mucho que desear. Siempre le critiqué a la difunta que se dedicara a causas humanitarias bajo el salvoconducto y la catapulta mediática.
ella, quizás victima de su destino, representa todos los males de una estirpe, que sufre jugando a los caballos, sembrando falsedadeas, pero sobre todo, inventando enfermos para visitar hospitales en ultramar .unaguará-
tenías razón, beck, el artículo me iba -como de hecho ocurrió- a encantar....
Santiago