Venezuela Heróica


¿Hasta dónde se rebaja una sociedad que sistemáticamente exalta boxeadores, misses, cantantes, faranduleros? La agresión física, la apariencia externa y las artes de la seducción son sus evidentes valores. Otros intranquilizantes rasgos comparten los profesionales que en la actualidad acarrean el procerato para los venezolanos. Ya indicamos que ejemplifican un proyecto de ascensión privada en el cual la colectividad sólo figura como testigo. En segundo lugar, sus destinos orbitan alrededor del espectáculo. Descuellan dentro de las reglas de juegos donde la regimentación del oficiante se corresponde con la pasividad del observante. Así como el potro galopa sin llegar a ninguna parte en el hipódromo, los ídolos de nuestra contemporaneidad cumplen circuitos previsibles en la pasarela, en el salón de conciertos, en el ring o el campo deportivo. No son transgresores sino consolidadores de un orden. El público que los celebra proclama al adherírseles su capacidad o su resignación para mantenerse dentro de él. En tercer lugar, la certificación de este mérito, como la de nuestros deméritos, ha de ser otorgada en el exterior. Lo que embellece a la joven es la corona; lo que potencia al púgil es la faja, lo que consagra al trovador es el galardón en el festival internacional. Así como cultivamos una agricultura de puertos, cosechamos una cultura y una idolatría de puertos. Hemos colocado fuera de nuestro control, no sólo nuestro sistema financiero, sino además nuestro aparato consagrador de mitos. Nadie es héroe en su tierra.


Luis Britto

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